¿Por qué el glaciar islandés se llama Eyjafjallajökull?
El glaciar islandés en el que se encuentra el volcán que ha convertido el espacio aéreo en un cenicero de bar de carretera se llama Eyjafjallajökull.
Aquí tenéis la explicación a este nombre tan estrambótico:
la prensa de estación no sabe de crisis
Jueves Santo. 9.15 a.m. Estación de Atocha. El AVE parte en 15 minutos. Y yo, en el Relay (que es como los ingleses llaman al quiosco cuando van de viaje), y no comprando prensa precisamente, si no aturdido y muerto de risa por las ansias de consumir actualidad en papel del los viajeros.
Que no digo que la prensa de papel no esté en crisis… pero no será porque no venden en las estaciones. Que yo no sé qué nos pasa cuando vamos a coger un tren que se nos despierta el amor obsesivo por la celulosa.
Uno que entra a comprar El País y sale con País, Mundo (para contrastar), Marca, AS (para contrastar también), el Esquire, que como saca a Xavi Alonso en portada también contrasta; el Telva, que lo ha pedido la parienta; de paso el Marie Claire, que regala una bolsa monísima; y ya que estamos me pillo una revista de coches de segunda mano; voy a comprar también la Rolling Stone que saca a Hendrix así, como que muy machote en la portada; anda, pero si está el último libro de Julia Navarro de un millón y medio de páginas al módico precio de 25 euros. Me lo cojo, me lo cojo, no me vaya a aburrir en el trayecto. Yendo a pagar me cruzo con The Economist (7 pavos y pico). Mira, me lo voy a llevar que me tengo que poner yo ya al día de la crisis esta por una fuente fiable, que el otro día dijo la radio que la prensa española engaña. Y porque no venden los 50.000 folios del sumario del caso Gürtel…
Conclusión: 60 eurazos en prensa dentro de una bolsa de esas que vienen ya rotas y asoman los picos de los periódicos por los laterales. Choporrotocientas páginas de rabiosa actualidad para un trayecto de dos horas y media. Y tu pareja gritando porque quería la bolsa rosa y no la azul (del Marie Claire) y riéndose de ti porque si normalmente te saltas las páginas de Economía, qué leches haces comprando el Economist.
Al final qué pasa, que te toca en el vagón guardería con el enjambre de niños que se creen que están en el tren de la risa. Y como además en los vagones de tren pasa como en los bares, que resulta que los niños son de todos, pues optas por ponerte los cascos a todo trapo y ni Julia Navarro, ni lecciones de economía, ni si juega CR9, ni nada. Que cuando la azafata se acerca toda mona y te hace el ofrecimiento de: ¿Revista Paisajes? Te entran ganas de meterle la cabeza en la bolsa del Marie Claire y ahogarla.
Eso sí, tu ahijado ya tiene regalo de comunión: el último libro de Julia Navarro, que me han dicho a mí que junto con el FIFA 2010 es el regalo preferido de los niños de 10 años. Pero lo más importante: le has dado una alegría a los editores, que ya que el Sábado Santo pasan de sacar de periódico, les has subsanado un poquito la cuenta de resultados.
Una infancia en cinco anuncios
Ayer acabé con mis amigos de de toda la vida, ordenador en mano y vía youtube, recordando los anuncios de nuestra infancia. Nos moríamos de risa al ver cómo era la publicidad hace 15, 20 y 25 años. Estos son con los que más nos reímos o nos asombramos al verlos lustros después.
1. La madre hasta el kimono de la niña karateka
2. !Qué rica está! Por culpa de anuncios como éste Bibiana Aído tiene un ministerio
3. ¿De dónde saca el chocolate el Phoskito cuando se relame?
4. A dormir, mi estrella (¿qué habrá sido de la carrera artística de esta niña?)
5. Sí, el niño de rojo es quien parece que es ¿lo adivinas?



